Perspectiva

8M, somos profesionales con derechos

El sistema sanitario sigue funcionando porque sacrificamos de manera permanente nuestra vida personal.

Un año más somos una profesión diana de la incompetencia de las administraciones sanitarias y los empleadores para resolver los problemas que hoy afectan especialmente a profesiones feminizadas como la nuestra.  

Aunque es una realidad que rara vez copa los titulares en los medios de comunicación, hay que decir que el sistema sanitario sigue funcionando porque nosotras sacrificamos de manera permanente nuestra vida personal.

Y hay que dejar claro que nuestro trabajo como profesión esencial no puede en ningún caso convertirse en una coartada para normalizar condiciones laborales que nos impiden desarrollar nuestro proyecto de vida.

Conciliación

Cuando hablamos de conciliación en nuestra profesión, no hablamos de teletrabajo ni de flexibilidad horaria, hablamos de trabajo a turnos, de noche y durante fines de semana y festivos, con permanentes cambios de turno por supuestas necesidades de servicio. Hablamos de contratos precarios, falta de sustituciones y una permanente sobrecarga asistencial.

Hablamos de tiempo perdido y no reconocido, de no contar con límites claros entre el trabajo y la vida personal, de no priorizar el descanso, de nulo reconocimiento, liderazgo y discutida autonomía. ¿De verdad alguien cree que en el mundo real esto no tiene consecuencias?

Desigualdad tolerada

Cuando un colectivo feminizado sostiene un servicio esencial bajo condiciones que dificultan su derecho a la conciliación, lo que existe es una desigualdad tolerada. Y esa tolerancia tiene responsables.

El propio Ministerio de Sanidad y las consejerías autonómicas siguen hablando de “déficit de enfermeras” como si fuera un fenómeno caído del cielo. No lo es. Es el resultado de años de planificación insuficiente y de una gestión sin recursos que ha normalizado que la vocación lo aguante todo. 

Si la mayoría del colectivo son mujeres y la estructura organizativa no contempla medidas de conciliación reales, las consecuencias son dobles: precariedad vital para profesionales y pérdida de talento para el sistema sanitario.

Carreras que se frenan, vidas personales que se paran y se viven con culpa y un deterioro físico que se suma a un desgaste emocional que aumenta y no cesa.

Alzar la voz

Por ello, no hemos de parar, hemos de seguir alzando la voz por la conciliación real y la igualdad, como cada día hacemos en las mesas de negociación, y lamentablemente en los tribunales.

Exigimos a nuestros empleadores que dimensionen adecuadamente las plantillas para evitar sobrecargas, que planifiquen turnos con mayor antelación, que hagan efectivas las sustituciones y que no penalicen nuestra carrera profesional.

Quienes cuidan también tienen derecho a vivir, a planificar, a descansar, a formarse, a crecer profesionalmente sin tener que elegir constantemente entre su trabajo y su vida.

Estatuto Marco

Es urgente que todas las medidas de conciliación e igualdad que hemos conseguido introducir en la negociación del Anteproyecto de Ley de Estatuto Marco sean efectivas cuanto antes, y esto, que exige una tramitación legislativa que lleva tiempo, puede ser una realidad inmediata si hay voluntad de las diferentes consejerías de Sanidad y empresas sanitarias por aplicarlas cuanto antes. 

Porque quienes nos emplean no son dueños de nuestra vida, ni nosotras esclavas del trabajo.  Como profesión, no podemos seguir pagando la factura real de las deficiencias del sistema sanitario.

No tenemos que pedir permiso para vivir, ya está bien de sostener el sistema sanitario a costa de nuestra propia vida. Las enfermeras y fisioterapeutas también somos profesionales con derechos y SATSE está para defenderlos.