Perspectiva
Vacunar no es por arte de magia
Hacen falta más enfermeras, más tiempo, espacios adecuados, sistemas de información y capacidad de seguimiento de las vacunas administradas, porque si no es así, ponemos en peligro la eficiencia del proceso de vacunación.
En los últimos años, la vacunación en España ha experimentado una gran transformación. No se trata únicamente de que hoy se administren vacunas frente a más enfermedades, sino que la vacunación ha dejado de concentrarse exclusivamente en la infancia, como ocurría en el primer calendario vacunal de 1975, para convertirse progresivamente en una estrategia de prevención a lo largo de toda la vida. Y eso supone prevenir en la infancia, en la adolescencia, en la edad adulta y en nuestros mayores.
La evolución de la vacunación permite entender la dimensión del cambio. Hace diez años, el calendario se centraba en un número más limitado de actuaciones, En estos años, además, hemos batido récords de vacunación, por ejemplo, durante las campañas de vacunación frente a la COVID-19 que supusieron una movilización extraordinaria.
Aunque las vacunas contra la COVID-19 constituyen una situación excepcional y no deben compararse directamente con la vacunación ordinaria, sirven para mostrar hasta qué punto ha aumentado la capacidad que se exige al sistema sanitario y a las enfermeras.
Más enfermeras
Pero aunque las cifras deberían reconfortarnos, por el enorme papel desarrollado por las enfermeras, realmente nos preocupan porque todas esas intervenciones, al no estar acompañadas de un importante aumento de recursos humanos, más enfermeros y enfermeras, han tenido un impacto directo sobre el sistema sanitario y las personas a las que atendemos, ya que de manera paralela se han dejado de hacer miles y miles de actuaciones sanitarias, que no hemos medido ni evaluado.
Porque vacunar exige recursos, cada vacuna, cada nueva franja de edad y cada campaña implica más citas, más registros, más seguimiento, más información a los pacientes y más trabajo para unas profesionales sanitarias que ya soportan una elevada carga asistencial.
Vacunar requiere mucho más que disponer las dosis necesarias, un número económico. Hacen falta más enfermeras, más tiempo, espacios adecuados, sistemas de información, capacidad de seguimiento de las vacunas administradas, porque si no es así, ponemos en peligro la eficiencia del proceso de vacunación, y la atención sanitaria.
Sobrecarga
La pregunta entonces no debería ser ¿cuántas vacunas ponemos?, sino también ¿con qué recursos contamos para administrarlas? Si se exige a la Atención Primaria más respuestas sin reforzar sus plantillas, se corre el riesgo de sobrecargar a los profesionales y dificultar tanto la vacunación como el resto de la asistencia.
Por ello, hay que exigir propuestas concretas. Muchas de las que SATSE no deja de exigir en las mesas de negociación. Es necesario aumentar las plantillas de enfermería en los centros de salud, crear refuerzos específicos durante las campañas, mejorar los sistemas de registro y seguimiento, establecer tiempos protegidos para la vacunación, reforzar la formación de los profesionales y desarrollar campañas de información a la ciudadanía, mostrando el liderazgo de las enfermeras también en este campo
Porque no hay duda de que la vacunación es una herramienta fundamental de prevención y salva vidas. Un estudio publicado en The Lancet, respaldado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), muestra que la vacunación salvó al menos 154 millones de vidas en los últimos 50 años. Esto equivale a seis vidas por minuto y demuestra que es la intervención sanitaria más eficaz de las últimas cinco décadas.
Precisamente por su importancia, nuestros gestores no deberían dar por hecho que el sistema puede asumir indefinidamente nuevas responsabilidades sin reforzar sus medios. Porque vestir a un santo para desvestir a otro no es una buena política, y cuando vacunamos no hacemos otras muchas cosas. Más vacunas, más responsabilidad, ¿los mismos recursos?
Hay que decir a quienes tienen las competencias sanitarias que no, porque vacunar nunca se hace por arte de magia.