Perspectiva
Nuevo año, misma unión
Los actuales derechos no han caído del cielo, cada avance se deriva de la lucha colectiva y de la unión, que constituye algo muy valioso que nos ha llevado a evolucionar significativamente en apenas cuarenta años y que seguro nos llevará a seguir creciendo en el futuro.
Comienza un nuevo año y para las enfermeras y fisioterapeutas el calendario cambia, pero la realidad avanza tímidamente.
Las mismas carencias y reclamaciones encima de la mesa de negociación, y parecidas necesidades en los centros de trabajo. Unas condiciones que no mejoran al ritmo que a nosotros nos gustaría, pero que no nos pueden hacer caer en el conformismo y la frustración.
Si echamos la vista atrás, la profesión y su posición en el sistema sanitario ha evolucionado considerablemente.
Avances
Los actuales derechos no han caído del cielo, cada avance se deriva de la lucha colectiva y de la unión, que constituye algo muy valioso que nos ha llevado a evolucionar significativamente en apenas cuarenta años y que seguro nos llevará a seguir creciendo como profesión en el futuro.
Un futuro en el que la afiliación sindical sigue siendo la más importante herramienta de defensa y de cambio para nuestra profesión.
Estar afiliado significa no estar sola ante la administración, tener respaldo jurídico, participar en la negociación colectiva y decidir el rumbo de nuestra profesión.
Se trata de transformar nuestra indignación individual en una fuerza colectiva que nos permita seguir creciendo.
Nuestra voz
Fragmentar nuestra voz es algo que como profesión no nos podemos permitir. Sólo con una afiliación fuerte podremos seguir exigiendo la mejora de nuestras condiciones laborales y profesionales.
Porque ante unas plantillas insuficientes, una carencia de profesionales cifrada por el propio Ministerio de Sanidad en 100.000, y una presión asistencial que no deja de crecer, es necesario exigir soluciones.
Entre ellas, la aprobación de la Ley de ratios enfermeras que impulsamos desde SATSE y que hoy se encuentra en el Congreso de los Diputados.
Una ley que estamos muy cerca de conseguir si los partidos políticos olvidan sus rencillas partidistas y piensan en lo importante, garantizar una atención segura, de calidad e igualitaria en todos los centros sanitarios, al igual que han hecho en el ámbito educativo.
Precariedad
Nuestros gestores se amparan en la vocación y el compromiso para ofrecernos precariedad y negarnos el reconocimiento.
Pero somos el colectivo sanitario más numeroso del sistema, y, por tanto, el que tiene más fuerza para exigir soluciones al castigo que nos han impuesto por ser una profesión feminizada e históricamente invisibilizada.
Nosotras sabemos que el nuestro, es un trabajo diferente, sí, pero un trabajo que requiere unas condiciones adecuadas y al que ha de darse una justa retribución, adaptada a nuestra cualificación, responsabilidad y a la penosidad inherente a nuestra profesión.
Reconocimiento
Una penosidad exigida por la propia OMS y OCDE, que permanentemente dan un tirón de orejas al Gobierno español por la falta de implementación de medidas de reconocimiento, como es, por ejemplo, la jubilación anticipada y voluntaria. Algo que acabará siendo garantizado si no nos detenemos en nuestra reivindicación.
Y lo mismo nos ocurre con otros aspectos que defendemos y otras reivindicaciones dirigidas a mejorar la calidad de nuestro trabajo, pero también a permitirnos vivir una vida normalizada, una vida no penalizada por el ejercicio de la profesión.
Está claro que nos queda mucho por conseguir y que lo logrado hasta ahora no han sido concesiones gratuitas, sino fruto de esfuerzos colectivos. Hemos de seguir unidas y organizadas porque sólo así seremos una fuerza imposible de ignorar.